Probióticos: microorganismos ligados a nuestros fermentados indígenas


El término probiótico, según la FAO, significa “a favor de la vida”, quizás por ello fue detectado hace millones de años por nuestros pueblos originarios de toda América, desde México hasta la Patagonia.

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Qué son los probióticos

Son microorganismos vivos que mejoran el equilibrio microbiano del intestino, en otras palabras, cepas bacterianas protectoras que superan en número a otras, potencialmente perjudiciales, por lo que aportan beneficios tanto a seres humanos como animales. Levaduras y hongos entran bajo esta descripción.
Según el mismo estudio de la FAO desempeñan un importante papel en las funciones digestivas y respiratorias y ayudan a contrarrestar enfermedades infecciosas en los niños.
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¿Qué alimentos tienen probióticos?
Los probióticos están presentes principalmente en alimentos naturales, pero se les consigue también en alimentos procesados en forma de suplementos nutricionales.
Entre los alimentos de la dieta diaria que se consideran con mayor presencia de probióticos se cuentan el yogur, té fermentados, quesos no pasteurizados, aceitunas, encurtidos, kéfir, miso o pasta fermentada de soja, y bebidas artesanales, creadas a partir de procesos de fermentación como las chichas por ejemplo.
Pese a que muchos de estos productos responden más a recetas ancestrales que a procesos controlados en laboratorio, el efecto terapéutico de los probióticos se mantiene en ellos, incluso, bajo consideración muy efectiva.

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Maíz fermentado: fuente probiótica
El Popol Vuh, libro sagrado de la cultura maya, determinó al maíz como origen y principio. La génesis. De él proviene el primer hombre.
Atendiendo al mandato, las culturas indígenas se consagraron a cultivarlo y procesarlo, convirtiéndolo desde hace miles de años en fuente primordial de sustento y vida. 

Al maíz se le consume de distintas formas, como alimento y como bebida. Enaltecen al cuerpo y al alma. Cada cultura determina la forma cómo el maíz se incorpora a su cotidianidad y sus ritos.

Chichas 

Las Chichas son preparaciones artesanales de maíz fermentado y de otros frutos como la piña. Dicho proceso permite que estas preparaciones alcancen en algunos casos ciertas graduaciones alcohólicas.

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Tipos de chichas
De acuerdo a la materia prima que se escoja, surgen los distintos tipos de chichas. No hay una igual a otra. Presentan consistencias, sabores y olores diferentes en cada región.
Hay chichas de maíz amarillo, blanco, morado, también de arroz, maní y piña. Todas elaboradas artesanalmente.

Llegan a ser desiguales incluso en un mismo país. Por ejemplo, en Venezuela, se habla de al menos tres tipos de chichas: arroz, ajonjolí y andina.

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Chichas venezolanas
Chicha criolla elaborada a base de arroz, leche de vaca, canela y leche condensada al gusto. Chicha de ajonjolí, poco común en la actualidad por su laborioso proceso de creación. El grano de ajonjolí, luego de limpiarse muy bien, debe tostarse. Posteriormente se licúa con agua y se pasa por un cedazo. Finalmente se mezcla con melao de papelón, sirviéndose posteriormente con abundante hielo picado.

Por último, la Chicha Andina, elaborada a base de harina de maíz, papelón y piña fermentada. Se aromatiza con pimienta guayabita, clavos de olor y anís estrellado. Una versión de esta chicha emplea harina de maíz y conchas de piña fermentadas, al menos por cinco días.

Tejuino, ancestral probiótico mexicano
El Tejuino es una bebida refrescante, espesa, de color dorado, similar en consistencia y color a la chicha andina venezolana. Surge de fermentar el nixtamal de maíz.
Se cuece de forma prolongada en agua y cal viva. Este proceso es comparable a la preparación de la arepa de maíz pilao venezolana. (Invitamos a revisar nuestro artículo La arepa venezolana rueda por el mundo).
El Tejuino mexicano, como el Pozol, bebida ancestral propia de algunos pueblos centroamericanos, son considerados fermentados de granos, a diferencia del Tepache y la Chicha Andina, que fermentan con jugo de piña.

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Cómo hacer tejuino

Jesús Ojeda Pérez, mejor conocido como “El Changuitos” vendedor de tejuino en la Plaza Tapatía de Guadalajara, nos dice cómo preparar la que considera “una tradición de Guadalajara”.

El tejuino se prepara con masa de maíz, piloncillo, canela y azúcar. Esos ingredientes se cuecen durante cuatro horas en un cazo. Cuando ya están cocidos, lo dejamos un día de reposo. Al otro día le echamos sal y limón y lo batimos tres veces, para qué, para que la sal y el limón se dispersen y se tomen algo de aquí. Viene siendo un bebida de maíz de nixtamal. Un atole fresco de nuestra Guadalajara. Es nuestra tradición.

De la olla de barro a las fábricas
Muchos productos ligados a nuestra dieta provienen de procesos de fermentación, ya sea para obtener derivados alcohólicos como el vino y la cerveza y otros no alcohólicos como panes y yogur.

Por su alto consumo varios de ellos dejaron atrás su origen artesanal para trasladarse a emporios alimenticios y de allí,  a exhibirse en anaqueles de supermercados y casas naturistas, en llamativos empaques y envases plásticos que resaltan sus propiedades, no tanto desde el punto de vista médico sino  desde el punto de vista estético.


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Probióticos para mascotas

Las bacterias dañinas no distinguen a humanos o a mascotas. Atacan por igual a ambos. No de extrañar por tanto, que destine dinero y líneas de investigación para continuar el estudio de los probióticos y sus beneficios y crear suplementos alimenticios que se adicionan al alimento de las mascotas.
Nuestros perros y gatos no hablan, por lo que a algunos dueños se les hace difícil detectar cuando una bacteria dañina afecta la vida de su mascota, a menos, y es lo deseable, que lleven un control exhaustivo de la salud y comportamiento de su animal.
Afortunadamente ya se expenden en el mercado muchos probióticos altamente probados que ofrecen al animal insumos para su salud como por ejemplo Mucopolisacáridos, Glucosamina, Colágeno, Metionina y Ácidos grasos Omega 3 que le permiten un brillante pelaje, huesos y articulaciones saludables.

Hay enfermedades propias perros y gatos que se exacerban por la presencia de bacterias dañinas, particularmente, si éstas se alojan en boca, intestino delgado, intestino grueso y colon.

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Volvemos al yogur

Aunque resulte extraño para muchos, el yogur es un alimento que pueden consumir los perros, siempre que no padezcan de alergias o sean intolerantes a la lactosa. 


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La dosis de yogur a suministrar varía al peso del animal. Se recomienda una a tres cucharadas tres veces por semana. Pero, como siempre, recurra al veterinario para que lo orienten profesionalmente.

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